martes, 8 de mayo de 2007

Hortografía (con h de hortaliza)

Hortografía con h de hortaliza


Si me lo cuentan, no me lo creo. Es tan poderosa la fuerza del mito que, cuando verdaderamente se materializa, nos produce restricciones en el habla. En efecto, eran las diez de la mañana y aquel zagal zángano estaba recostado sobre su mesa desnuda. Nada. Nada de nada. Ni un cuaderno, ni un bolígrafo, ni el mismísimo libro de cuya gratuidad tanto se ha hablado. Nada de nada. Antaño esto ya era un buen motivo para echar un sermón de campeonato, pero como ahora las competiciones se establecen en torno a qué profesor posee más talante, me mordí la lengua (casi me enveneno) y le pregunté con la mayor sutileza posible qué arcano secreto le impedía sacar a la luz el cuaderno, emulando a la mayoría de sus compañeros.


Su respuesta, de diez. Me dijo que su perro se había comido los deberes y que el cuaderno estaba roto, en alguna esquina de su habitación. ¡Su perro se había comido su cuaderno! ¡No puede ser que los mitos sigan tan en boga! ¡No me podía creer que su inocencia le permitiera decir eso sin sospechar que sonaría a excusa! Intuyo que su universo vivencial está tan mermado que no ha visto ninguna película, no ha leído ningún libro, que en ninguna serie de televisión de las que él ha visto eso se cuente como “clásica excusa del estudiante desesperado”. No tiene la competencia comunicativa necesaria para conocer que eso en el imaginario colectivo es una excusa, sea verdad o no (es mejor inventarse otra mentira que decir esa verdad). Pero claro, no han vivido nada, no saben de nada, así que, como poco, me hizo gracia. Para seguir, le pedí que me escribiera una redacción de cien palabras (cuenten si quieren, la verdad es que mi amigo Fran en eso sí hizo caso) que voy a transcribir religiosamente, sin alterar ni alternar nada. Les recuerdo: ocurrió en primero de ESO, en el antiguo séptimo de EGB; el artista tiene catorce años. Este niño no es el peor y tampoco se trata de un caso aislado. Si les gusta la ortografía, imítenla. A este paso, terminará por imponerse [ruego a los editores de EL MUNDO que le echen estómago y que lo dejen tal cual está].


"Mi perro sellama thor tiene 11 meses y es muy loco lla a exo muchos mas destrosos como partirme el ordenador, o la play2 ami madre lla lea partido muchos jarrones de flores... y un dia estaba yo con el toni en elsalon jugando a la pley y escuchamos al perro morder algo y me dijo el toni echale comer al perro me asomo i lla tenia el cuaderno echo pedazos por que llo recoji las coxas del cuaderno el la terraza y llo luego recoji las coxas del cuaderno le reñi al perro para que no bolbiera aserlo pero como es muy pequeño tiene que muda los dientes mordiendo algo... vaya tela el perro..."


¿Sin palabras o cien palabras? Si eso no les ha asesinado, lo que ahora mismo voy a recoger, les robará las ganas de vivir de por vida. Les presento una justificación que me presentó un día la madre del niño (la cual presume de trabajar en una oficina, o qué sé yo, y que presuntamente no es precisamente analfabeta). De tal palo, tal astilla:

“El niño nose si podra hacistir a clase pues yo declaro tener que viajar a Huelago y estoi alli asta el 25 de Abril”.


Decir de alguien que es anal-fabeto es explicar por dónde se las van a dar todas en la vida: en los impresos, en los contratos, a la hora de suscribir una hipoteca. En el campo, todo eso es prescindible. ¿Para qué saber escribir correctamente si siempre alguien podrá hacerlo por ti? ¿Para qué saber leer si eso no le conviene a los que analizan las jugadas, a los que deciden por nosotros? Alguien puede hacerlo por nosotros siempre. Siempre. Y mientras tanto, mientras nos cuentan que todo el mundo habla, lee y escribe de forma óptima, nuestros pueblos, siguen yendo de culo: la gente sencilla jamás aprenderá a salir del hoyo y tendrá que conformarse con cavar hoyos de golf u orificios para que germinen los tomates, las lechugas y las plantitas de marihuana.


Zeño Xabe, uzté que stá en las halturas, ha de saber que esta es la ortografía andaluza que se respira en nuestros centros educativos. Déjense de tantas chorradas de “coeducación” y de “escuelas de paz” porque se da la curiosa casualidad de que aquí en la tierra, los problemas son otros. Los libros de texto son muchas veces Ciencia-Ficción porque, en su basto imperio andaluz, hortografía sigue escribiéndose con h de hortaliza.


Prof. Cuyami